Cuando pensamos en qué gafas nos quedan bien, solemos fijarnos en la forma. Pero el color de la montura tiene tanto que decir como la forma: puede iluminar tu rostro, realzar tus ojos o, mal elegido, apagarte. A eso lo llamamos visagismo cromático.
La idea: armonizar con tu colorido
Cada persona tiene un colorido propio —el tono de la piel, el cabello, los ojos—. La montura que favorece es la que dialoga con ese colorido en lugar de pelearse con él. Un mismo modelo puede sentar de maravilla en un color y regular en otro.
Pistas generales
Los tonos cálidos —carey, miel, dorados— suelen acompañar bien a pieles y cabellos cálidos; los fríos —negro, grises, azules— a coloridos más fríos. Las monturas transparentes son un comodín que suaviza. Pero son orientaciones: la piel y el contraste personal mandan.
Por qué se prueba
El color se decide viéndolo sobre tu cara, con buena luz. En la visita jugamos con varias opciones para ver cuál te enciende la mirada. Es una de las partes más reveladoras del visagismo.


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